Rusia quiere ser un socio fiable
para Europa en materia de energía.
José Luis Guerrero
Tiene a sus espaldas una dilatada
carrera diplomática en diferentes lugares del mundo. De 1975 a 1979 trabajó en la
Embajada de la URSS en Argentina. Luego vino a España durante tres años, para a
continuación servir a su país en los Estados Unidos (1990-92) y, más tarde en
París como Delegado Permanente Adjunto de la Federación de Rusia ante la
UNESCO.
Su sólida formación le llevó a ser
nombrado en 2001 Director del Departamento de Planificación de Política
Exterior del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia; y ha ejercido como
Catedrático y Profesor Visitante de la Universidad Lingüística y la Universidad
Humanitaria de Moscú. Ha escrito varias publicaciones sobre la historia del
servicio diplomático ruso.
Dialogar con él es un placer para el
interlocutor, que advierte cómo el personaje incorpora el diálogo, además del
sentido común y el conocimiento de las cosas, una cuota de amistad que
hace al entrevistador pasar un rato especialmente gratificante. En
la actualidad es el Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la
Federación de Rusia en España y Andorra. Hablamos de y con Alexander I. Kuznetsov.
-Señor Kuznetsov
¿Cómo se hallan en la actualidad las relaciones entre Rusia y España en la
actualidad?
-Las relaciones entre nuestros países son excelentes. Casi nunca
hemos tenido controversias ni intereses encontrados; más bien lo contrario, en
la época actual vemos cada vez más campos de acción conjunta en el escenario
internacional y también en las relaciones bilaterales. El Presidente Putin
estuvo en España en febrero en una visita de Estado y ha sido un éxito. En
agosto se celebró otra entrevista entre nuestro Presidente y su Majestad
el Rey en Rusia que también ha sido un acontecimiento importante, los Ministros
de Asuntos Exteriores se encuentran regularmente. A nivel de los Gobiernos las
relaciones son muy fluidas. Como embajador me gustaría ver mayor cooperación
industrial, mayor intercambio entre los universitarios, a nivel cultural y
humanitario, porque pienso que en la época de la globalización, Rusia y España
que tradicionalmente han sido países muy lejanos, situados en dos extremos de
Europa, ahora tienen muchos más campos de intereses comunes.
-¿Cómo interpreta usted el programa
“Alianza de Civilizaciones” que propugna el presidente Rodríguez Zapatero?
-La idea de la Alianza de Civilizaciones ha tenido sus
antecedentes en varias iniciativas internacionales que Rusia siempre ha
apoyado. Nosotros tenemos mucha preocupación por evitar que el mundo que tanto
ha sufrido durante la “Guerra fría” se encuentre nuevamente dividido y
enfrentado, esta vez a nivel de culturas o de civilizaciones. Por eso pensamos
que la iniciativa del Presidente Zapatero es muy oportuna. La hemos apoyado
desde el comienzo, nuestro representante está en el Grupo de Alto Nivel creado
por el Secretario General de la ONU. Y esperamos que el resultado de esta
iniciativa sea un programa de cooperación internacional muy amplia, auspiciado
por Naciones Unidas. Nuestros países por razones históricas obvias tienen mayor
sensibilidad hacia las relaciones con el mundo islámico. Queremos que esta
relación sea armoniosa, pero también queremos encontrar una respuesta común
frente a la amenaza de los extremistas.
-Hace poco leí señor Embajador, unas
declaraciones suyas en las que decía que “hay que impedir que la energía se
convierta en fuente de conflictos”; sin embargo la realidad es que allí donde
hay fuentes de energía hay conflictos y guerras, le recuerdo las últimas de
Kuwait, de Irak, la de este país con Irán ¿Qué se puede hacer en su opinión
para que esto no suceda?
-Es verdad que la mayor demanda de la energía crea un desafío a
toda la comunidad internacional que tenemos que responder también en
conjunto. Rusia quiere ser un socio fiable como exportador de energía,
pero también está interesada en que la energía no se convierta en una fuente de
conflictos en el siglo XXI. Creemos que existen las posibilidades de encontrar
la respuesta a este reto de manera racional y armoniosa. Por eso durante
nuestra presidencia en el Grupo de los Ocho, que es en el año en curso, y en la
Cumbre de San Petersburgo en el mes de julio hemos propuesto una serie de
medidas, que fueron apoyadas por nuestros socios del G 8 para elaborar una
estrategia internacional en materia de la seguridad energética, que no abarca
solamente la estabilidad del mercado y los precios, sino también la cooperación
en materia de nuevas fuentes de energía, de la distribución, del transporte, de
los aspectos ecológicos, etc. En cuanto a nuestras relaciones en
materia energética con Europa, como dijo en varias ocasiones el Presidente
Putin, Rusia también quiere ser un socio fiable y quiere las garantías y las
seguridades de que nuestra relación en materia energética sea estable.
- Mi impresión es que estamos
asistiendo a una confrontación entre oriente y occidente con origen en la ira
desatada por el fundamentalismo islámico, que tuvo su máxima expresión el 11 de
Septiembre de 2001. ¿Cree usted que el siglo XXI ha comenzado con una
crisis a la que no estábamos acostumbrados, o que no teníamos referencias
históricas anteriores o la historia se repite?
-La historia se repite, y no se repite; porque evidentemente la
amenaza, el desafío al que nos enfrentamos hoy es nuevo y está
relacionado con la época de globalización que vivimos y que ha cambiado
profundamente no solamente las relaciones internacionales, sino también el
tejido de nuestras sociedades. Tenemos por ejemplo el problema de la emigración
ilegal que crea dificultades para la sociedad en casi todos los países de
Europa. Pero también es cierto que en un mundo global las culturas y las
civilizaciones se acercan cada vez más.
En cuanto al mundo islámico, nosotros nunca hemos
identificado el terrorismo y el extremismo con el Islam como religión y
rechazamos los intentos de este tipo porque Rusia desde hace siglos, casi desde
sus orígenes ha sabido crear las relaciones de convivencia de distintas
religiones, de distintas culturas. El Islam existe en nuestro suelo desde hace
siglos, casi desde el momento de su nacimiento y nunca hemos tenido graves
problemas a nivel religioso. Otra cosa es que hay personas, movimientos,
corrientes que tratan de justificar la violencia, el terror por los motivos
religiosos y eso también lo rechazamos.
-Un discurso del Papa
Benedicto XVI ha generado una reacción en el mundo musulmán más que
preocupante a ojos de occidente ¿Considera usted que el fanatismo del Islam
puede hacer tambalear los cimientos de la vieja Europa asentados en la
Cristiandad?
-Pienso que aquí hay dos problemas bien diferentes. Claro que en
un momento de tensión que vivimos hay que tener mucho cuidado en no provocar
los sentimientos hostiles o los sentimientos de rechazo, entre las personas
pertenecientes a otras religiones y a otras culturas. Eso lo ha demostrado
claramente el escándalo de las caricaturas. A ese respecto las opiniones de
Rusia y España coincidieron perfectamente bien y nuestros ministros de Asuntos
Exteriores incluso publicaron un artículo conjunto, que expresó nuestro
criterio común. Ahora bien, hay que medir las reacciones a unas declaraciones o
unos comentarios que no deben ser excesivas. No se puede justificar la
violencia o las expresiones de odio frente a unos comentarios que no
tienen nada que ver con la defensa o el ataque; eso no es tampoco
aceptable.
-El Cristianismo ¿seguirá en la base de las sociedades
europeas?
- Creo que el Cristianismo es uno de los pilares básicos de la
cultura y los valores europeos aunque últimamente algunos tratan de ignorarlo.
Por ejemplo, imposible imaginar un país como Rusia sin las raíces cristianas.
Es el Cristianismo el que hizo nuestro país y
básicamente la historia de Rusia comienza a partir del bautismo del pueblo eslavo,
que deliberadamente ha decidido alinearse con los países cristianos y eso
significó un progreso muy grande para nuestro país a finales del siglo X .
Pienso que ni siguiera es necesario ser creyente para reconocer
que la mayor parte del patrimonio cultural europeo - desde la arquitectura
hasta la música y la pintura – fue inspirada por el Cristianismo. Si nosotros
lo ignoramos corremos el riesgo de que nuestros hijos, y esto ya ocurre, vengan a los grandes museos de Europa como el Prado
o el Hermitaje sin tener la mínima comprensión de lo
que es el sentido de las grandes obras allí expuestas. Finalmente, hay que
preguntarse por el futuro de nuestros valores éticos que también fueron
forjados sobre la base de las enseñanzas del Cristianismo.
Por supuesto, esta es mi opinión personal, no es una toma de
posición.
-¿Cree usted que el pueblo ruso
sigue siendo un desconocido para el conjunto de los españoles o ya estamos con
esa fase superada?
-Aquí no hay respuesta sencilla, yo diría sí y no. Por un lado, veo
que la presencia cultural de Rusia en España es cada vez mayor. Tenemos casi a
diario conjuntos de música clásica por toda España. Y al mismo tiempo tengo la
impresión de que el tejido de nuestras relaciones en materia educativa,
científica y cultural no son todavía tan densas como
puede exigir el interés mutuo que existe hacia la cultura del otro, ni tampoco
los sentimientos de simpatía y de amistad tradicional entre los rusos y
españoles. Ha de producirse un mayor acercamiento no solamente a nivel de conocimiento
de la cultura clásica; me refiero al gran respeto y la enorme popularidad que
tiene la cultura española en Rusia. Por algo será que Rusia es el país número
uno en cuanto al número de ediciones y reediciones del Quijote.
Aparte del gran interés que existe en España por la literatura
clásica y música rusas, por nuestros compositores, quiero que también nos
conozcamos mejor en lo que se refiere a la cultura contemporánea de nuestros
países. Y como somos dos estados con una dinámica cultural bastante intensa me
gustaría acercarnos también en este campo. Es indispensable para construir un
modelo de relaciones conforme con las realidades de la globalización del siglo
XXI.