Rusia rompe con
el ultraliberalismo la recuperación de Rusia entra en su segunda fase
por
Evgueni Primakov
Durante
el año 2006 Rusia entró en la segunda fase de su recuperación, indica el ex
primer ministro Evgueni Primakov. Luego de dedicarse a recuperar el control de
las riquezas naturales y a restaurar el poderío militar, Vladimir V. Putin ha
roto con las teorías ultraliberales. En lo adelante, el Estado interviene de
nuevo en la economía para organizar el desarrollo del territorio, incluyendo la
parte asiática de la Federación. Las ganancias provenientes de la exportación
de hidrocarburos se inyectan en la economía interna para luchar contra la
pobreza, sin temor a un regreso a la inflación. Pero esta política enfrenta
nuevos peligros: el incremento del chovinismo dentro del país y, en el
exterior, el aventurerismo militar estadounidense.
28 de mayo de
2007
Desde Moscú
(Rusia)
Globalización
económica, privatización de los servicios públicos
por
Evgueni Primakov
2006, año de la
ruptura
Ruptura
significa que las grandes tendencias, las tendencias determinantes, son
sustituidas por contratendencias. No resulta en lo
absoluto obligatorio que estas adquieran inmediatamente su perfil integral,
menos aún que alcancen el punto culminante de su evolución. Si partimos, como
en mi caso, de esa visión, el año 2006 fue el de la ruptura con toda una serie
de estereotipos impuestos a la sociedad rusa desde principios de los años 1990.
¿Qué quiero decir con esto?
Primeramente,
luego de haber pasado mucho tiempo tirando de la cuerda, hemos descartado
finalmente –y yo espero que también definitivamente–la idea de que incluso en
los albores de la economía, e incluso antes de la creación del primer mercado
civilizado desarrollado, sea posible renunciar a una resuelta intervención del
Estado en la vida económica del país. Según los dogmáticos liberales, el papel
del Estado debe limitarse únicamente a una macrorregulación
y el sector real de la economía no tiene ninguna necesidad de inversiones provenientes
del Estado. Podemos citar como ejemplo la posición del ministerio de Finanzas,
hostil a la creación de un Fondo de Inversiones. En otras palabras, hostil a un
financiamiento dirigido, con fondos provenientes del presupuesto del Estado, de
los proyectos que el país necesita. Únicamente la obstinación del ministerio de
Desarrollo Económico, que entró en conflicto con el ministerio de Finanzas,
permitió finalmente la creación de ese Fondo. Dicho sea de paso, la separación,
en 2006, del «tándem» ministerio de Finanzas-ministerio de Desarrollo
Económico, que anteriormente había defendido la idea de excluir radicalmente al
Estado de la economía, se convirtió en un síntoma definitivo de ruptura.
En
segundo lugar, el presidente Putin declaró el año pasado que, debido a las
elevadas tarifas mundiales de los recursos exportados, las exportaciones de
materias primas tenían que servir para desarrollar la economía y elevar el
nivel de vida de los rusos. ¿No es esto síntoma de una ruptura con la tendencia
que defendían celosamente los que declaraban que el Fondo de Estabilización no
debía gastar ni un centavo dentro de Rusia ya que, según decían, eso podía
provocar un aumento de la inflación? La inflación, cuyas causas son numerosas,
resiste, además, de la misma manera cuando no se toca el Fondo de
Estabilización. La política de consolidación desenfrenada de la tasa monetaria
real del rublo también está subordinada a la lucha contra la inflación, lo cual
afecta gravemente la competitividad de los productores rusos.
La
creación del Fondo de Recursos No Renovables es una medida indispensable, lo
cual está demostrado por la práctica mundial. Pero, ¿cómo gastar el excedente
de los fondos provenientes de los elevados precios de las materias primas?
Estuve leyendo un artículo del profesor Alexei Kudrin publicado en la revista Asuntos económicos. Este
presenta un interesante panorama que muestra hacia qué objetivos se dirige el
dinero proveniente de los recursos no renovables en Kuwait, Alaska, Chili,
Noruega y Venezuela. Según ese panorama, en todos esos países sin excepción,
esos fondos se convierten de una u otra manera en fuente de financiamiento de
la economía nacional.
El
ejemplo de Alaska resulta característico. Se crearon dos fondos: un fondo
permanente y un fondo de reserva. Alrededor de la mitad del fondo permanente se
destina a la población de Alaska en forma de dividendos y el resto se
reinvierte. En cuanto al fondo de reserva, este sirve para alimentar el
presupuesto. Hay un límite establecido para la utilización de los medios
pertenecientes a ese Fondo, pero ese límite no es fijo y puede ser revisado por
vía legislativa.
¿Por
qué resulta tan importante el ejemplo de Alaska? Porque se trata de un
territorio que también presenta problemas de demografía y de desarrollo.
Otro
ejemplo característico, el Fondo Petrolero del Estado existente en Noruega (los
que se oponen a la utilización de los fondos provenientes de los recursos no
renovables gustan de referirse a la práctica de ese país). Sin embargo, según
el citado artículo, el dinero proveniente del fondo noruego «sólo puede ser
utilizado en transferencias destinadas al presupuesto del gobierno central».
Pienso
que en 2007 no prevalecerá la posición de quienes afirman que no se puede
utilizar los medios acumulados en el Fondo de Estabilización, ni siquiera para
crear infraestructuras en el sector del transporte en Rusia, país que cuenta
con 50 000 aglomeraciones urbanas que no están conectadas a las grandes
carreteras. Ni para cubrir la parte correspondiente a los ingresos
presupuestarios, cuyo descenso está condicionado por la reducción de los
impuestos sobre los productos de alta tecnología, la industria de
transformación y las pequeñas empresas. También hay una ruptura en la medida en
que hay cada día más gente que comprende que la disminución del peso de los
impuestos en esos ejes ayudará a la necesaria modificación de la estructura de
la economía rusa, conducirá a la búsqueda de su florecimiento y, a fin de
cuentas, acrecentará las sumas que alimentan el presupuesto.
En
tercer lugar, durante el año 2006 se produjo un viraje decisivo hacia una
economía con opción social. Me refiero a los cuatro proyectos nacionales que
propuso el presidente Putin, en lo tocante a la salud, la educación, la
construcción de viviendas y el desarrollo de la agricultura. El carácter
decidido de esa iniciativa está subrayado por el hecho que, desde el comienzo
de la reforma de mercado de la economía rusa, los dogmáticos liberales
afirmaban que el Estado sólo debe preocuparse por los más débiles y que los
demás tienen que resolver por sí mismos sus propios problemas sociales. En el
fondo, rechazaban toda inversión del Estado en el hombre.
En
cuarto lugar, fue durante el año 2006 que comenzó la lucha contra la
corrupción. No puede decir que haya pasado ya del carácter “selectivo”. Pero el
hecho de que ciertos corruptores de alto rango hayan sido puestos al margen de
los negocios, el hecho que funcionarios intermedios sean objeto de acciones
penales es esperanzador. Esperanza que se refuerzan con declaraciones de
Vladimir Putin, como aquella en la que señaló que los contactos entre
funcionarios provenientes de cualquier nivel y el mundo de los negocios
constituye un mal extremadamente peligroso. Si esas palabras se ratifican
mediante medidas firmes durante el año 2007, la corrupción se verá privada del
medio que la propicia en Rusia.
No se debilita el
papel del Estado en la economía
Los
logros económicos del año 2006 son innegables. Hace ya varios años que se
mantiene el desarrollo económico: cerca del 7% del PIB. Resulta incluso muy
superior al nivel medio mundial. Lo principal aquí es que ese florecimiento
transcurra sin recesiones importantes y que se mantenga durante un período
largo. Por primera vez la inflación no pasó el límite del 10%. Las reservas en
oro y divisas alcanzaron una cifra record. Subió el nivel de vida de la
población. Creo que todos esos resultados positivos están relacionadas, en
buena parte, con la ruptura con las tendencias esbozadas en los años 90.
Pero,
¿se puede considerar que hemos alcanzado con esto un límite a partir del cual
el papel del Estado en la economía tendría que ir disminuyendo? No se puede
juzgar la situación de esa manera. Durante el año 2006 los éxitos estuvieron
acompañados de una serie de desequilibrios que exigen que el Estado tome
medidas serias para hacerlos desaparecer. Me detendré sólo en algunos de ellos.
Veamos
el primero. A pesar de una dinámica económica positiva, no se vislumbra una
salida de la crisis demográfica. Esta reviste dos dimensiones en nuestro país.
Por un lado, la disminución de la población en general; del otro, la salida
bastante rápida de gente que abandona regiones esenciales en el aspecto económico:
Siberia, la Transbaikalia y el Extremo Oriente. En
1991, 22 millones de personas vivían en lo que hoy constituye la
circunscripción federal de Siberia. Hoy quedan sólo 19 millones. Hacia fines de
2025, según la previsiones de Rosstat, en Siberia
quedará sólo un poquito más de 17,5 millones de habitantes, o sea cerca del 20%
menos que en 1991. La circunscripción federal de Siberia representa cerca de la
tercera parte de la superficie de Rusia y el problema no es solamente que esa
tercera parte está poco poblado. La distribución de la población es allí muy
desigual. Como decía, en la reunión del Mercury Club, el representante del
presidente Putin, Anatoli Kvachnin, si se traza un
círculo de 300 Km.
alrededor de Novosibirsk, encontraremos dentro de él 12 millones de habitantes,
de los 19 millones que actualmente pueblan Siberia.
La
situación demográfica es más difícil aún en el Extremo Oriente, donde la
población disminuyó en más del 16% en 15 años. Para resolver el problema
demográfico, algo que constituye un objetivo nacional primordial, hay que
proponer un plan complejo y sistemático para el desarrollo de esas regiones. Me
dirán que ya se han adoptados muchos proyectos de ese tipo. Yo respondería que
ninguno de ellos ha tenido un carácter de conjunto, multilateral y sistémico.
Claro, eso es consecuencia del hecho que los controles no están a la altura de
esos proyectos dispersos ligados a un problema que reviste una importancia
vital para Rusia, de una importancia económica, geopolítica y que está directamente
ligado a los intereses de su seguridad. Poco antes del fin del año 2006, el
presidente Putin mencionó ese tema ante el Consejo de Seguridad. Entonces
distribuyó tareas. Veremos cómo se concretan estas en durante el 2007.
Segundo
desequilibrio. Durante el 2006 el desarrollo de nuestra economía condujo a una
dinámica de consumo más bien elevada. Eso está bien. Pero el aumento del
consumo va acompañado del mantenimiento de un bajo nivel de competitividad de
los productos de la industria rusa. Ese desequilibrio estimula el incremento de
las importaciones, cuyo ritmo es muy superior al de la industria nacional. El
año pasado la porción del PIB correspondiente al comercio al por mayor y al
detalle fue superior al 35% mientras que bajó la porción correspondiente a la
industria. No se trata, naturalmente, de dedicarle menos atención al desarrollo
del comercio y del sector de los servicios, lo cual era un defecto de la
economía en la época soviética, o de limitar las importaciones. No debemos
hacerlo. Pero la cuestión de la competitividad de la producción nacional se
plantea con más fuerza aún. Para llegar a una solución, hay que poner a la
industria en el camino de la renovación. Y no podremos hacerlo sin una seria
intervención del Estado.
En
estos últimos años Rusia ha dado un verdadero salto, con la creación de un
Fondo de Inversiones financiado por el presupuesto, de un fondo “venture”, de las zonas económicas especiales, con la
formación –en proyecto– de un organismo encargado de la gestión pública del
desarrollo que se especializará en el financiamiento de los proyectos de
inversiones a largo plazo, específicamente en materia de exportación. Al mismo
tiempo, y no podemos cerrar los ojos ante esto, tiene poca amplitud la
utilización de los instrumentos creados en las actividades de innovación. En
Rusia, por ejemplo, se han creado nada más que cuatro zonas de innovación y de
desarrollo. Digamos, para establecer una comparación, que en China tienen 57.
En
ese sentido, la vía innovadora de desarrollo se hace para Rusia absolutamente
indispensable debido a las difilcultades demográficas
de nuestro país. Estas dan lugar a una reducción de la oferta de fuerza de
trabajo, situación que no solamente se puede resolver mediante una
intensificación del trabajo, una elevación de su productividad, lo cual resulta
imposible sin el progreso técnico y tecnológico.
Tercer
desequilibrio. A pesar de una ligera disminución del número de personas que
vive por debajo del límite de pobreza, la desigualdad entre el 10% de la
población que tiene los ingresos más altos y el 10 que tiene los ingresos más
bajos persiste e incluso se está ampliando. Según las cifras de Rosstat, los ingresos monetarios de los ciudadanos más
acomodados van en aumento mientras que los de los más desfavorecidos se
estancan. Son por consiguiente los ricos los que más se benefician con el
crecimiento económico. Se trata de una tendencia alarmante. Y que está lejos de
ayudar a estabilidad social de Rusia.
Al
mismo tiempo, hay que tener en cuenta otro aspecto del problema, que yo
calificaría de circunstancia agravante. Se sabe que, en los países
desarrollados, la miseria afecta fundamentalmente a desempleados, inmigrantes y
familias numerosas; pero en nuestro país, en Rusia, el 35% de la gente que
cobra menos que el mínimo vital o que están cerca de ese límite son familias de
trabajadores que tienen uno o dos hijos. En Rusia, los pobres son, en su gran
mayoría, asalariados o retirados. Basta con decir que más del dos trabajadores
de cada tres perciben un salario al salario mínimo vital en la agricultura, más
de uno de cada dos en el sector de la cultura y del arte. El bajo costo de la
fuerza de trabajo da lugar, sobre todo, una falta de interés por el progreso
técnico y tecnológico.
Otro
importante desequilibrio proviene del hecho que, a pesar del desarrollo del
federalismo, seguimos conservando, en el fondo, el sistema financiero de un
Estado unitario. Además, si hace unos pocos años todavía era posible justificar
esto o explicarlo por la voluntad de mantener la integridad territorial del
país, de utilizar los flujos financieros del centro hacia las regiones para
consolidar el Estado único, esa explicación deja de tener sentido desde que se
construyó una línea vertical de poder con la nominación de los gobernadores.
Sobre todo teniendo en cuenta que, en todos los Estados federales, la
centralización política se refuerza mediante una autonomía económica creciente
de las entidades de la Federación. Pero, ¿de qué aumento de la autonomía
económica de nuestras regiones podemos hablar si la mayoría de ellas entregan
al centro gran parte de los impuestos que cobran localmente y si ellas mismas
dependen por completo de las transferencias y subvenciones del centro federal?
A menudo se explica esa práctica alegando la necesidad de equiparar la
situación económica y social en el conjunto del país. Eso es realmente
indispensable, pero no [debe hacerse] con métodos que no satisfacen ni a las
entidades beneficiarias ni a las entidades donantes.
Es
innegable que los desequilibrios siguen siendo numerosos en nuestro país.
Podemos citar aún:
el decrecimiento de los ritmos de crecimiento
de las exportaciones de petróleo y de otras materias primas, que no se compensa
con un aumento de las exportaciones de productos de alto valor agregado;
la ausencia de un sistema de créditos a largo
plazo con tasas aceptables aunque se hace necesario garantizar un desarrollo
económico importante y estable;
el crecimiento de las inversiones extranjeras
provenientes del exterior que se limita al sector relativamente estrecho de las
materias primas;
el considerable atraso de uno de los países
más ricos en productos energéticos en el terreno de la eficacia de la
utilización de la energía;
la ausencia de un mecanismo capaz de protegernos
con eficacia de una formación de precios de tipo monopolista;
un alto potencial intelectual que no se
corresponde con un rendimiento extremadamente pobre que representa sólo el 0,5%
de la producción de tecnología de punta y de alta tecnología en el mercado
mundial;
y, finalmente, las graves lagunas del
mecanismo de toma de decisiones, en la que gobierno sabe de antemano que todos
sus proyectos de ley tendrán automáticamente el apoyo de la mayoría
parlamentaria cuando sean presentados a la Duma. El ejemplo más flagrante de
ello es la llamada ley de monetarización de las
ventajas, cuyas graves insuficiencias también tuvieron un impacto negativo en
el año 2006, sobre en lo tocante al acceso a las medicinas.
El contexto
interno e internacional
Cuando
tratamos de analizar la situación política interna del país en 2006, el hecho
de que los nacionalistas, bajo el impulso de la xenofobia, levanten la cabeza
aparece como uno de los fenómenos más dolorosos. El patriotismo debe ser uno de
los rasgos dominantes del ciudadano ruso, o sea el amor por la Patria y por el
pueblo. Pero lo que caracteriza a los nacionalistas es el deseo de medir a los
demás estableciendo la superioridad de su propio pueblo ante los otros. Algunos
consideran que el internacionalismo que le oponemos es una formulación
comunista que debiera ser reemplazada por el nacionalismo en las condiciones de
desarrollo de Rusia en el marco del mercado. Esa interpretación es
completamente falsa y nefasta.
Su
carácter nefasto aparece todavía más cuando, por motivos indudablemente sanos
–resulta indiscutible– se utiliza una terminología ambigua, como la afirmación
de la «democracia soberana» de Rusia.
Claro
está, Rusia fue y sigue siendo un Estado soberano, con una larga y rica
historia. Naturalmente, las instituciones estatales rusas son originales, al
igual que la mentalidad de gran parte de la población, tanto la de los rusos
como las de otros pueblos de nuestro país. Rusia marcha hacia valores
universales como la democracia pero lo hace siguiendo sus propias vías, que
tienen en cuenta las tradiciones, la historia, el carácter multiétnico del
Estado y su situación geográfica. Como muchos otros países, Rusia no admite
sermones infundados y abstractos del extranjero, y admite menos todavía que
traten de imponerle un modelo de estructuración de la sociedad, de forma de
administración. Pero es indispensable que todo eso, que forma parte del
concepto de soberanía del Estado, no esté al servicio de aquellos que, dentro
del país o fuera de él, tratan de alejar a Rusia de los procesos objetivos en
desarrollo: la globalización, la internacionalización de la actividad
económica, el acercamiento entre las civilizaciones. Es indispensable defender
los intereses de Rusia y de toda su población. Pero hay que hacerlo sin una
confrontación con otros pueblos y países que resultaría humillante, nefasta y
peligrosa para nosotros.
Abordemos
ahora el contexto internacional en el que Rusia se desarrolla hoy. El fin de la
guerra fría estuvo acompañado de un retroceso del sistema bipolar y una
organización multipolar del mundo comenzó a construirse. China y la India, que
disponen de un colosal potencial humano, se desarrollan rápidamente. Durante el
año 2006, esos dos países sobrepasaron a Estados Unidos, si unimos el PBI de ambos.
Dado que el crecimiento económico de China y la India es 2,5 veces superior al
de Estados Unidos, parece evidente que son esos dos países los que garantizan
el mayor aporte al desarrollo de la economía mundial. El aporte de la Unión
Europea también fue superior al de Estados Unidos durante el 2006. Brasil y
Argentina se transforman en países posindustriales. El proceso de integración
es prometedor en América Latina. Es difícil imaginar que Rusia, cuyo desarrollo
es dinámico, no se convierta en un centro autónomo en ese mundo multipolar.
Pero
existen obstáculos objetivos para el desarrollo de esa organización multipolar
en el mundo. Se trata de la política de Estados Unidos. En las condiciones
actuales, este país es el más desarrollado del mundo en el aspecto económico,
es el más fuerte en el plano militar y el más avanzado en el aspecto científico
y tecnológico. En ese contexto, bajo el gobierno de la actual administración
estadounidense, hemos asistido a la consolidación de la influencia de quienes tratan
de mantener las posiciones hegemónicas de Estados Unidos durante este período
de edificación de una organización multipolar del mundo. Eso repercute de forma
negativa en el proceso de neutralización de las amenazas a las que la humanidad
se enfrenta desde el fin de la guerra fría.
Citaré
tres de ellas. La primera es la proliferación de las armas nucleares y de otros
medios de destrucción masiva fuera del círculo de los cinco miembros oficiales
del club nuclear que han aprendido a dar pruebas de moderación en las
cuestiones relativas al uso de esa arma. La segunda es el terrorismo
internacional, que se manifiesta bajo los rasgos del islamismo, aunque no tenga
nada que ver con el Islam como religión. La tercera son los conflictos
regionales que se agravan. El peligro es tanto más grande cuanto que esas tres
amenazas pueden acumularse.
Fracasó la
doctrina del unilateralismo. ¿Y después?
En
la época de la guerra fría, lo que garantizaba la estabilidad en la arena
internacional era la disuasión mutua de los dos superpotencias que dirigían los
dos bandos ideológicos opuestos. En otras palabras, estaba basada en una
confrontación cuyos límites aparecían claramente delineados.
Hoy
en día, conjurar las nuevas amenazas sólo es posible mediante los esfuerzos
comunes y dirigidos de todos los grandes centros del mundo unipolar en procese
de formación. Pero esa verdad, al parecer indiscutible, está lejos de ser
fácilmente realizable. Como quedó demostrado durante la operación de Irak,
Estados Unidos se arrogó el derecho exclusivo de decidir qué país representaba
una amenaza para la seguridad internacional y de decidir por sí solo si había
que utilizar o no la fuerza contra ese país. Al mismo tiempo, proclamó su firme
voluntad de exportar la democracia a países cuyo régimen no le conviene.
Ya
se ha podido comprobar el fracaso de esa política, fracaso que también admiten
numerosos representantes estadounidenses. Hasta el propio presidente Bush
admitió recientemente, por primera vez, que Estados Unidos no ha triunfado en
Irak. ¡Y de qué manera! Luego de la operación estadounidense, ese país árabe se
ha hundido en el caos. Se desató una guerra civil con bases religiosas. El
peligro de división del país aumenta cada vez más. Irak se transformó en la
principal base de Al Qaeda.
El
fracaso de la política estadounidense en Irak asestó un golpe mortal a la
doctrina del unilateralismo. Eso fue lo que demostraron las últimas elecciones
parlamentarias en Estados Unidos, en las que el Partido Republicano perdió la
mayoría en ambas Cámaras.
Pero
ese golpe mortal no significa aún el fin de esa doctrina, sobre todo cuando hay
quien se las arregla para seguirle prolongando la vida por todos los medios.
Prueba de ello es la «nueva estrategia» que proclamó Estados Unidos para Irak.
Esta consiste en realidad, para el presidente Bush, en tomar la decisión, a
pesar del parecer del Congreso y de la mayoría de opinión pública, de enviar a
Irak un refuerzo de 22 000 soldados. Esa decisión es a la vez tonta y sin
perspectivas como si, para salir del atolladero iraquí, bastara simplemente con
que Estados Unidos aumente en una sexta parte la presencia de sus tropas de
ocupación. Esa decisión, de carácter cínico, trata de ignorar el hecho de que
el número de soldados estadounidenses muertos en Irak sobrepasa ya el número de
víctimas de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, sin
mencionar las decenas y decenas de miles de muertos iraquíes.
El
hecho es que, en Estados Unidos, se entiende cada vez más ampliamente el
perjuicio que ha causado el carácter unilateral de las soluciones de fuerzas
adoptadas. Pero eso no significa que la administración estadounidense esté
dispuesta a emprender acciones multilaterales universales para contrarrestar
los nuevos peligros que amenazan la seguridad y la estabilidad del mundo. Hecho
característico, no se apuesta por el fortalecimiento y la modernización del
mecanismo internacional universalmente reconocido, o sea la ONU, sino por la extensión
del bloque militar de la OTAN.
Creada
como organización regional en la época de la guerra fría, en estos momentos la
OTAN extiende poco a poco su influencia belicista a otras regiones.
Esa
organización desplegó ya sus tropas en Afganistán. Y nadie sabe cómo
evolucionará la situación. Por tanto, no podemos menos que sentir alarma cuando
vemos, por ejemplo, que ciertos medios de difusión estudian la hipótesis de una
intervención armada en Irán y Siria, intervención que podría dirigir la OTAN de
no ser Estados Unidos. Naturalmente, hay mucho trecho entre esas discusiones y
la concretización de la idea. Muchos miembros de la OTAN se negarán sin dudas a
recorrer ese camino. Pero, ¿no hay acaso que estar alertas cuando vemos que los
nuevos miembros de la OTAN y los países que quieren integrarse a toda costa a
esa alianza están a menudo dispuestos a pagar un precio increíblemente alto por
ganarse la simpatía de Estados Unidos?
La
Alianza del Atlántico Norte, que no cesa de enrolar a nuevos países, se está
acercando a nuestras fronteras. Por supuesto, eso no puede dejar de
inquietarnos. Sobre todo porque la ampliación de la OTAN va acompañada de una
retórica antirrusa y de una política ofensiva de
Estados Unidos en las repúblicas ex soviéticas. Moscú no puede evitar ver en
ello actos dictados por el descontento de ciertos medios occidentales al ver
que Rusia, que está recuperando su gran potencial prometedor, vuelve a su
posición de gran potencia. ¿No es acaso eso lo que demuestra la reacción
histérica que provocada, en Occidente, por la resuelta decisión de Rusia de
vender sus productos energéticos a los precios del mercado [mundial]?
Russie:
una política óptima
En
esas condiciones, nuestro país pone en práctica, diría yo, una política
exterior óptima. Obligada a consolidar su potencial militar estratégico y
táctico, Rusia demostró de todas las formas posibles su voluntad de convertirse
en una de las principales fuerzas para la estabilización de la situación
internacional. El año pasado confirmó los éxitos de la política exterior rusa:
establecimiento de relaciones estrechas, a veces incluso estratégicas, con
numerosos países de Asia, en especial con China y la India; voluntad
inquebrantable de mantener estrechos lazos con los países europeos; relaciones
mutualmente ventajosas con Estados Unidos. Lo más importante es que el
presidente Putin adoptó una línea que conjuga la firme defensa de los intereses
nacionales de Rusia con la voluntad de evitar toda confrontación con los demás
países.
Me
parece que los políticos occidentales deberían reflexionar sobre el papel y el
lugar de Rusia en el mundo actual. No sobre el de una Rusia ficticia en la que
la política interna degeneraría en amenaza para sus vecinos, ni sobre el de una
Rusia imaginaria que utilizaría con fines imperiales las entregas de productos
energéticos a otros países sino sobre el de la Rusia real que no tiene la
intención de seguir la estela de ninguna política y que concentra a la vez sus
esfuerzos en la lucha contra el terrorismo internacional, contra la
proliferación de las armas de destrucción masiva, que no acepta una división
del mundo en civilizaciones y religiones, que trata de utilizar sus
excepcionales posibilidades en poner fin al extremadamente peligroso conflicto
del Medio Oriente, el de la Rusia que aplica una política que haga entrar en
razón a aquellos, carentes de juicio, que nada han aprendido en Irak y que se
aprestan a reeditar sus mortales actos de fuerza contra los regímenes que no
les agradan.
Se
puede decir, en conclusión, que el año 2006 fue, en su conjunto, un año exitoso
para Rusia. Los procesos positivos predominaron en la economía y la política.
Pero los problemas pendientes, ciertos desequilibrios, se vieron con más
claridad. Es absolutamente necesario dedicarles la mayor atención a principios
de este año 2007, tanto más cuanto que el año será mas complejo debido al
contexto electoral.